Nivel tolerancia = cero

Yo soy de esas personas que tiene mucha paciencia, no sé si será algo bueno o malo, pero lo que sí sé es que trato siempre de recordar lo distinto que todos somos y que las opiniones y modos de actuar de otros no tienen por qué coincidir con los míos. Pero de todas formas, de un tiempo a esta parte, me he dado cuenta que mi paciencia y mi tolerancia hacia las personas que estoy forzada a lidiar diariamente, está disminuyendo aceleradamente y como a veces me creo estupenda, estoy segura que el problema no soy yo, es la gente weona que simplemente NO ENTIENDE

Hay gente que no entiende que a nadie le importa con quién te acostaste el fin de semana, o en que gastaste la mitad de tu sueldo, o si el jefe te tiene mala, o si ya no aguantas más tu pega, o si crees que eres el mejor en lo que haces. Háganse un favor y entiendan: A NADIE LE IMPORTA. Porque aunque suene mala onda,  si uno anda ventilando su vida privada con la gente que trabajas (quienes claramente no son tus amigos cercanos, existe una gran diferencia entre amigos y colegas) entonces lo más probable es que te escuchen porque son copuchentos, necesitan material para cahuinear más tarde, te odian en secreto, o porque se considera maleducado ponerse audífonos a mitad de una conversación. Pero la verdad es que a nadie le importa, muy poca gente se va a sentar a escuchar los problemas o alegrías de otros por el simple hecho de ser buena persona, siempre hay un motivo oculto, casi siempre la preocupación se la come la curiosidad. Lamentablemente somos egoístas, y cuando empezamos a escuchar a alguien, casi siempre terminamos haciendo comentarios sobre nuestras propias vidas y muy pocas veces realmente escuchamos, y cuando lo hacemos, nos creemos terapeutas y más encima damos consejos.

Me da lata generalizar, porque a lo mejor hay personas que sí tienen súper poderes y logran ser siempre respetuosos y correctos con quienes los rodean. Pero a mí me está costando cada vez más tener que escuchar sobre la vida de otros cuando nadie les preguntó, o tener que morderme la lengua cuando alguien se manda un comentario idiota, o tener que compartir los mismos espacios con gente tan distinta a mí que cualquier cosa que me pregunten me dan ganas de responder con un fuerte y claro “ándate a la chucha”

¿Será mi inmadurez, o mi carácter introvertido? O a lo mejor me estoy convirtiendo en un ser amargado y antisocial. No sé por qué será, pero estoy segura que si estos pensamientos los compartiera con el resto y un día llego con toda la seguridad que no tengo y les pregunto a toda esa gente: ¿por qué les cuesta tanto callarse? ¿Por qué creen que al resto nos interesa saber todo lo que les pasa, o todo lo que opinan? ¿Por qué en vez de usar tanto filtro en instagram no le ponen filtro a las weas que hablan mejor? Las respuestas serían del tipo “ay dale más color” “y pa que te enojai” “si te molesta tanto entonces no escuches” y bla bla bla

Pero realmente siento que no es tan simple como no escuchar, o simplemente ignorar, cuando alguien está prácticamente vomitando sus opiniones al lado tuyo, y te está contando con lujo de detalles cosas que jamás quisiste saber. A veces siento que la gente comparte demasiado, y eso no siempre es bueno, porque terminan, invadiendo el espacio de otros…¿o le estaré dando demasiado color?

Siento que ya no tengo tolerancia para andar escuchando detalles de la vida privada de personas que no me interesan. ¿Por qué se asume que en el trabajo tenemos que ser todos amigos? ¿Qué tiene de malo la  privacidad y la discreción? Me molesta cuando mis colegas me invaden haciendo preguntas personales. Ya sé que suena súper llorón, pero extraño conocer personas reservadas, extraño crear relaciones que partan de cero. Extraño tener conversaciones con gente que te cuente secretos. Me gustaría volver a los tiempos donde tenías que preguntarles a las personas cuando era su cumpleaños en vez de saberlo porque te llegó una notificación en Facebook.

A veces siento que al vivir en la era de las redes sociales, olvidamos que no es necesario compartir todo, que los amigos de verdad no necesitan llenarte de preguntas para saber cómo estás, y que no es necesario saber cada aspecto de la vida del otro o entrar en detalles para tener una conversación amena. (me fui en la media volá)

Pero qué se yo, se supone que sólo soy una millennial con complejos de quejarme por todo, así que lo más seguro es que el problema lo tenga yo. De todas formas, internamente seguiré pensando que hay personas muy poco prudentes y que no cachan lo bueno que es guardar silencio en determinadas ocasiones. Seguiré creyendo que no corresponde hablar de los detalles de cómo fue tu último parto a la hora del almuerzo. Y tampoco cambiaré mi opinión respecto a lo desatinado que es andar gritando frente a tus colegas que extrañas tener sexo todos los días. Siempre tendré reservado un lugar lleno de odio para aquellos que se meten en conversaciones ajenas. Y creo que ya me rendí con intentar entender por qué hay gente que cree que está bien hacerle preguntas personales a alguien que ni siquiera saben su nombre completo.

Soy de esas anticuadas que creen que hay un momento y un lugar para todo tipo de conversaciones. Y como cada vez estoy menos tolerante, en mi mente seguiré puteando a todo aquel que no comparta mi filosofía. Porque es lo más practico que se me ocurre en estos momentos, no le hago mal a nadie, y todo sigue en paz. Ya que lamentablemente decir lo que uno piensa, a veces te trae más problemas que soluciones.

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