La depresión del vitrineo online

Si hay algo en lo que pierdo tiempo es en mirar infinitamente cosas que podría comprar por internet. En mis wishlists pueden haber fácilmente más de 100 productos y puedo llegar a la página 30 mirando algún artículo determinado. Y es que la internet es tan maravillosa que puedes comprar prácticamente de todo, y cada vez es más popular el envío gratis, lo que hace que las compras online sean una gran tentación para los malditos consumistas como yo.

Pero desde hace algún tiempo me he dado cuenta de algo que a veces me da penita: tanto vitrinear en la web hace que después en la vida real encuentre todo feo y todo caro y nada me guste y me den ganas de gruñir. Creo que esto pasa porque si me pongo a ver libros en BookDepository siempre digo “Oh que barato!” Lo cual es muy obvio porque acá en Chile leer sigue siendo caro. Después digo “pero se va a demorar como un mes en llegar….” lo cual al comprar libros no me afecta tanto porque casi nunca compro estrenos, y porque no me importa esperar si de libros se trata. El problema es cuando en las librerías de la vida real veo algo que me gusta y que quiero intensamente, pero veo que cuesta más de 15 lucas, y entonces pienso: maldición!!! Por qué tan caro, por qué no hay versiones del mismo libro pero no en tapa dura, o de bolsillo, en definitiva: por qué no están acá las opciones que si hay en internet? Y eso me da pena.

Después viene el tema de la ropa y ahí es otra cosa porque primero: todo se ve siempre hermoso, modelos increíbles usando outfits shuer alternativos y tendencias que no entiendo pero que me gustaría tener la perso para usar. Segundo: siempre hay algo con descuento. Y probablemente es todo mentira y los precios están inflados para que después pongan 30%off y uno diga OHMYGOSH click, agregar al carrito. Tercero: te escriben ahí “free shipping” para que uno se engañe y sea como ohhhh me estoy gastando casi 80 dólares, pero me ahorro en el envío así que no importa. Cuando en realidad ahora casi todos los sitios tienen envío gratis así que la diferencia en ahorro casi no existe, pero uno se engaña porque el consumista interno te habla y te dice: voh dale, you’re worth it! Finalmente te das cuenta que ya gastaste como una hora y media mirando ropa y agregando al carrito y después ves la suma de todo y la parte sensata y fome dice, naaaaa esto es mucha plata, naaaaaa si eso pa qué si nunca me lo voy a poner, naaaaaa si en verdad no necesito comprar un traje de baño en invierno. Pero se te agranda la wishlist y lo peor es que cuando después andas vitrineando en la vida real empiezas a comparar lo que ves con lo que sacaste del carrito virtual y es como…que feo todo!! Que caro todo!!! Nada me queda bien!!! Y de nuevo: pena en el corazón consumista

Pero creo que lo más triste es el vitrineo pinterest.  Ya sé que pinterest no es necesariamente para comprar, pero uno mira los tableros, se te activa el comprador compulsivo y ves cosas que te gustaría tener ¿o no? Y acá es más frustrante porque si veo por ejemplo, unos zapatos maravillosos, lo único que puedo hacer es agregarlos a mi “closet virtual” y esperar algún día encontrar algo parecido para poder comprarlo, ni siquiera es como que queda ahí el zapato disponible para cuando decida endeudarme, o que sepa de qué tienda es, no, nada de eso, es como una ilusión de tener algo lindo, pero que en el fondo sé que no va a ocurrir: súper triste la wea!

Pero eso me pasa, y me gusta pensar que no soy el único humano superficial que pasa por esto y lo cuestiona y escribe al respecto.

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